Caracas, 19 de Enero del 2026.- Venezuela podría volver al centro del nuevo mapa energético mundial y pasar de ser vista únicamente como un “yacimiento” a convertirse en un socio estratégico dentro de la arquitectura de seguridad energética global, en un escenario marcado por la fragmentación geopolítica y la transformación energética.
Un análisis atribuido a BlackRock, gestora de activos y proveedores de tecnología financiera internacional, sostiene que los acontecimientos recientes en Venezuela se leen como parte de un “nuevo régimen macroeconómico” donde los riesgos geopolíticos y la competencia por recursos críticos obligan a inversionistas y gobiernos a planificar por escenarios.
La tesis central plantea que el mundo estaría entrando en un “tercer orden mundial” desde la Segunda Guerra Mundial, caracterizado por la reconfiguración de alianzas y prioridades estratégicas.
En esa lógica, los recursos energéticos y minerales vuelven a ocupar un rol protagónico: no solo petróleo y gas, sino también metales relevantes para cadenas industriales y tecnológicas. Esto se alinea con lecturas difundidas en diversos países, que subrayan la combinación de hidrocarburos y minerales estratégicos como factor de reposicionamiento de Venezuela.
El documento también remarca que, en lo macro, no se esperan cambios drásticos en la producción de petróleo, gas y minería en el corto plazo, por lo que el canal de materias primas no generaría impactos globales inmediatos. Sin embargo, el énfasis está en el largo plazo: la evolución política interna, el rol del liderazgo interino de Delcy Rodríguez y la forma en que Estados Unidos gestione su relación con Caracas podrían abrir un rango amplio de resultados.
El informe advierte que el impacto inmediato sobre los mercados globales sería limitado, debido a que Venezuela, aunque concentra enormes reservas, representa en este momento cerca de 1% de la producción mundial de petróleo, lo que reduce el efecto de transmisión a corto plazo.
Desde la óptica de inversión, el análisis sostiene que Venezuela deja de ser un caso aislado para convertirse en una pieza relevante dentro de una competencia global por energía y recursos estratégicos: un giro que, de consolidarse, podría ubicar al país en una posición más determinante en el tablero internacional en los próximos años./Globovisión/@gobguárico.